2016. Primer invernadero de prueba en el Poniente almeriense. Dos variedades de tomate, sustrato de perlita reciclada y un cuaderno de campo para anotar cada riego. La idea era sencilla: entender qué ocurría en la raíz antes de vender cualquier cosa.
2018. Se descarta el enfoque de producto único. Los ensayos con consorcios de Bacillus y Trichoderma mostraban respuestas distintas según conductividad y materia orgánica. El equipo decide trabajar por protocolo, no por catálogo.
2021. Llegada al pimiento bajo cubierta y a los ciclos de otoño. Se incorporan lecturas de clorofila y peso comercial como criterios de decisión, y se empieza a documentar también lo que no funcionó.
2023. Apertura de la línea de control biológico de Fusarium en suelo protegido. La experiencia acumulada en rotaciones y desinfección se traduce en pautas concretas para técnicos de campo.
2025. Publicación abierta de los protocolos de muestreo de rizosfera. La intención no es vender más insumos, sino que cualquier agricultor pueda repetir las mediciones y sacar sus propias conclusiones.
De un cuaderno de campo a un método de trabajo
RizoInvernadero nació en 2016 como un proyecto pequeño dentro de una explotación familiar de Almería. No había plan de negocio, solo una pregunta incómoda: por qué algunas bandas de raíz respondían mejor que otras con el mismo riego y el mismo sustrato. Esa pregunta sigue ordenando lo que hacemos hoy.
Cada etapa de esta historia dejó una decisión concreta: abandonar el producto milagro, medir antes de recomendar, escribir los fracasos con el mismo detalle que los aciertos. Lo que aparece en esta página no es una cronología de marketing, sino el rastro de cómo se fue construyendo el criterio técnico que aplicamos en cada invernadero.