14 de mayo de 2025 Ignacio Martín Poniente almeriense

Consorcios microbianos en raíz de tomate bajo plástico

Cómo se comporta un consorcio de Bacillus y Trichoderma en sustrato de perlita

En un invernadero de tipo parral, con sacos de perlita y riego por goteo, aplicamos un consorcio formado por Bacillus subtilis, Bacillus amyloliquefaciens y Trichoderma harzianum en tres momentos del ciclo de primavera. La idea no era sustituir el manejo nutricional, sino ver hasta dónde llega el efecto microbiano cuando el sustrato es inerte y la solución nutritiva se controla con precisión. El seguimiento se hizo sobre raíz y cuello, no sobre parte aérea, porque ahí es donde se decide si el consorcio se instala o simplemente pasa de largo.

La aplicación se repartió en tres ventanas: tras el trasplante, a los 30 días y a los 60. Cada dosis se inyectó por el gotero, con un volumen de caldo ajustado para que el sustrato quedara a capacidad de campo sin lavado. Entre aplicaciones se dejó un intervalo suficiente para que la población no se solapara con el riego de lavado de sales, que en este ciclo fue habitual por la conductividad del agua de pozo.

El muestreo fue destructivo: se levantaron plantas completas a los 30, 60 y 90 días, tres por banda y por fecha. Se separó raíz principal, raíces secundarias y cuello, se pesó en fresco y se contó el número de puntas activas. No se midió colonización por qPCR, así que los datos hablan de arquitectura de raíz y de presencia visual de micelio, no de unidades formadoras de colonia. Conviene decirlo antes de sacar conclusiones.

Lo que apareció fue una mayor densidad de raíces secundarias en las bandas tratadas, sobre todo en el segundo y tercer muestreo. La diferencia se estrechó cuando la conductividad eléctrica de la solución superó cierto umbral: por encima de ese punto, el efecto del consorcio se diluía y el patrón de raíz se parecía más al del testigo. Es decir, el microorganismo no compensa un manejo hídrico o salino agresivo. Si el sustrato se satura de sales, la raíz responde al estrés y no al inóculo.

Otra precaución: no confundir efecto microbiano con manejo del riego. En este ensayo las bandas tratadas y el testigo compartieron programación de riego y fertilización, pero cualquier desajuste en la frecuencia de riego habría movido los resultados más que el propio consorcio. Por eso el protocolo de muestreo incluyó registro de CE, pH y volumen drenado en cada evento, y solo se compararon fechas con condiciones similares.

El cuello no mostró diferencias claras entre bandas. La respuesta se concentró en el sistema radicular fino, que es donde tiene sentido buscar el efecto de un consorcio de este tipo. En la práctica, esto significa que el seguimiento debe hacerse con calicata o muestreo destructivo, no solo con observación visual de la planta, porque la parte aérea puede verse igual durante semanas mientras la raíz ya está respondiendo.

Para quien quiera repetir el ensayo, el protocolo mínimo es: definir bandas con el mismo sustrato y el mismo gotero, aplicar en tres momentos con caldo fresco, registrar CE y pH en cada riego, y muestrear raíz a intervalos fijos. Sin ese control, cualquier diferencia se puede atribuir al consorcio cuando en realidad viene del agua o del manejo. Los datos de este ciclo apuntan a un efecto real pero condicionado, y así conviene presentarlo.

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